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jueves, 26 de abril de 2012

Hacer galletas caseras con los niños

Hacer galletas caseras con los niños es una opción de ocio con múltiples beneficios. No solo nos permite pasar un tiempo divertido y de calidad con los pequeños, sino que también es una alternativa estupenda para una tarde de lluvia o un fin de semana sin planes.

Sumergirse en la cocina con los pequeños fomenta su creatividad, les ayuda a apreciar la comida hecha en casa y les abre las puertas a nuevas habilidades. Aunque hay muchas recetas que pueden prepararse con ellos, en este caso nos centramos en las galletas: son dulces, ricas y fáciles de hacer, se pueden decorar y, mejor todavía, ¡moldear!.

Galletas caseras: ideas prácticas

Las galletas caseras contienen todos los ingredientes para disfrutar con los pequeños a lo grande. Se hacen con facilidad y, como su preparación es muy plástica, fomentan la creatividad de los niños, que las pueden decorar y moldear a su gusto. Eso sí, antes de anotar ideas para ponerlas en práctica, es muy importante recordar que todo el proceso debe contar con la supervisión de un adulto, sobre todo, cuando el horno esté encendido.

Entre las opciones más simples (y económicas) figuran las galletas de mantequilla. Para cuatro personas, solo se necesitan 170 gramos de harina, 50 gramos de azúcar y 125 gramos de mantequilla.

El primer paso consiste en colocar estos ingredientes en un bol y mezclarlos bien con las manos. Esta es una de las etapas que más disfrutan los pequeños, ya que siempre es entretenido "jugar" con la comida como si fuera plastilina. Además, al ser necesario lavarse las manos antes de manipular los alimentos, los padres cuentan con una excelente ocasión para inculcar hábitos de higiene a sus hijos.

El objetivo es lograr una masa uniforme. Esto puede llevar más o menos tiempo, según la destreza de los niños, ya que se debe mezclar todo muy bien. Si les cuesta mucho -porque aún son muy pequeños-, podemos echarles una mano y dar el "toque final". Una vez conseguido este paso, lo siguiente es estirar la masa hasta dejarla con el grosor que queramos para nuestras galletas.

¿Y ahora? Llega otro gran momento para los niños, que deberán darle forma a las galletas. Para cortar la masa, lo mejor es utilizar moldes (mejor de plástico que de metal, así evitamos posibles daños con el filo). Los supermercados y las tiendas de repostería ofrecen una gran cantidad de opciones, con formas geométricas, de muñecos o animales. Si no tenemos tiempo de ir a comprarlos, no hay problema: siempre podemos utilizar algún artículo que haya en casa, como un vaso de plástico (o un tupper pequeño) colocado boca abajo, la tapa de un bote o algún juguete de los niños que se pueda lavar y que permita cortar la masa con formas.

A medida que los niños cortan las galletas, las colocamos en una fuente de horno enharinada. En este paso también nos pueden ayudar y, de hecho, es recomendable que lo hagan. Con ello -que se asemeja bastante a los juegos de encastrar piezas-, podemos enseñar a los pequeños cómo aprovechar mejor el espacio y cómo ordenar las cosas con un criterio determinado.

Tras 15 minutos de horno a 180º de temperatura, retiramos las galletas y las dejamos enfriar. Para evitar que los niños se impacienten o se aburran, en este tiempo podemos imaginar con ellos cómo decoraremos las galletas. ¿Por ejemplo? Con fondant de colores (casero o comprado), que da mucho juego y también representa una alternativa muy plástica.

Además de las galletas en sí mismas y de su decoración, podemos proponer a los pequeños otras tareas manuales que realcen su creatividad culinaria. Podemos preparar con ellos un envoltorio para las galletas (una caja pintada, una bolsa con lazos, etc) o hacer tarjetas de colores con dibujos para personalizar cada paquete y regalárselo después a los abuelos, los tíos, un vecino...

Si los niños son muy pequeños (menores de dos años), hay que tener cierta precaución con las recetas que contienen frutos secos o pasas, ya que son alimentos no recomendados para ellos.